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SEMANA DEL NATALIO
DEL MCAL. LÓPEZ, ARTÍCULO III.
Después de tantas derrotas, después de las intolerables muertes inútiles,
el pueblo paraguayo aún no había adquirido la virtud de la rebelión como para
oponerse a un general en jefe derrotado -que siga disponiendo a su antojo de la
vida y bienes de los ciudadanos- como para ofrecerle uno de los dilemas: la maleta o el ataúd, o, un taburete con
una soga; a no ser que él mismo decida hacer por primera vez algo bueno por su
patria: tomar su colt y pegarse un tiro.
El pueblo paraguayo por el conflicto sanguinario,
perturbado por el terrorismo implantado por Solano López y amenazado
constantemente por el fusilamiento, no contaba con la fuerza necesaria para un
levantamiento contra su verdugo. Finalmente, en medio de la ruina nacional,
todo lo que el presidente Carlos A. López construyó, por causa de la guerra que
Solano López desató voluntariamente en el Río de la Plata y sin que haya motivo
para tan terrible determinación, todo quedó destruido.
Con las invasiones de los territorios de Brasil y Argentina, Solano
López arrojó al Paraguay hacia el abismo. Luego de la destrucción de su flota
de guerra en la batalla fluvial de Riachuelo, la desastrosas campañas de
Uruguayana y Corrientes, y la aniquilación del resto de nuestro primer gran ejército
en Tujutî, vino otro gran desastre en la campaña de Villeta: la destrucción de
nuestro improvisado segundo ejército, ya compuesto por niños, ancianos y
convalecientes de cerca de 14.000 soldados pobremente instruidos, malamente
alimentados y con malos fusiles y cañones anticuados, fue destruido sucesivamente
en las batallas de Ytororó, Avay, Pikysyrý y Lomas Valentinas más la
capitulación de Angostura. Todas estas batallas O´Leary y sus seguidores cantan
como victoria y celebran como gloria nacional, a pesar del adagio que dice:
«Conquistar gloria sin provecho para la nación es inútil sacrificio». López
podría haber tomado la decisión de capitular –que no es rendición sino negociación-
en lugar de tropezar y tambalearse sin descanso hasta Cerro Corá.
Como cierre de nuestras observaciones sobre el siniestro quinquenio de
1864-1870, y deseoso de proporcionar conocimiento seguro a nuestros
compatriotas, hemos publicados el libro «La conducción del ejército paraguayo
por el mariscal López” del cual nos servimos para insertar en Facebook y compartir
con los amigos nuestras opiniones sobre el mariscal López, que hoy debería
haber cumplido 193 años.
Al poner fin a nuestras consideraciones y como ningún especialista
-hasta ahora- ha intentado ofrecer al pueblo paraguayo algunos rasgos que
podrían haber caracterizado al considerado “máximo héroe”, pensamos oportuno
decir al respecto lo siguiente:
Como numerosos
generales -en idéntica situación a la del mariscal López-, podríamos suponer
que él también adquirió lo que se conoce como sicopatía, causadas por el estrés
de las frustraciones. Con tantos reveses como los que el mariscal López sufrió,
cualquier general se volvería sicópata. Podría ser también un narcisista,
porque el narcisismo es una cualidad de algunas personas. Los narcisistas se
ven en sí mismo como más inteligentes, más poderosos y más valiosos que
cualquier varón o mujer. Por ejemplo, juzgados por los hechos, el mariscal
López estaba convencido que su vida valía más que todos los paraguayos juntos.
Algunos historiadores o que se hacen pasar por tales,
creen que su deber como paraguayo es defender al mariscal López -tarea de
abogado pero no de historiador-, así como exculparle de sus garrafales errores
político y militar y de sus innecesarias crueldades, incluso contra su propia
familia, evidente indicio de un trastorno psicopático; porque sólo los
psicópatas mandan matar a sus familiares y compatriotas sin sentir
remordimiento de sus malas acciones.
López nunca demostró ser culpable por los numerosos
fusilamientos que ordenó o por el sufrimiento y el dolor que infligió al pueblo
paraguayo, o por cualquiera de los abusos cometidos contra sus compatriotas. La
desazón y el sentimentalismo por las
muertes masivas de sus tropas en cada batalla, no están en su bagaje cultural.
No puede caber duda que López se aburría con facilidad, porque demostró con sus
acciones que tenía una necesidad irrefrenable de sobredosis de adrenalina, por
lo que siempre buscaba situaciones para obtenerla, y si no encontraba él mismo
las maquinaba porque la excitación y la emoción le eran imprescindibles. Tal
vez por estos, él mismo tramaba conspiración contra su persona y ordenaba el
fusilamiento de sus familiares y compatriotas ilustres durante toda la guerra.
Ya hemos visto que los psicópatas tienen una necesidad obsesiva por ejercer
poder y control sobre otros. O sea, son unos obsesos del control, y López
podemos decir, sufría de neurosis obsesiva. Esto justifica la creación, bajo el
mando del general Resquín, de un batallón de espías, no para obtener
información del enemigo, sino para acechar a todos los paraguayos sean
combatiente o civil. Igual a numerosos combatientes, a Solano López podemos
suponer, como mínimo, que sufría de sicosis temporal o próximo a adquirir
sicopatía causadas por las derrotas que los llevó al estrés. Con tantas palizas
que recibió de sus enemigos a quienes él desafió a la lucha, cualquiera se
volvería sicópata, y ¿por qué no él? Lo que quiero
significar, que todos los planes de ataque del mariscal López, ninguno tuvo
éxito, porque todos fueron obras de chapucero.
Suele tener una extravagante percepción sobre la
conducción de su guerra y sobre el enemigo, pensando que él sabía todo acerca
de todo y que el mundo gira en torno a él. Nunca consultó con nadie sus planes
de campañas ofensiva ni defensiva. Sin embargo, en son de ejemplo, Alejandro
Magno incluso reunía a los oficiales subalternos para que critique su plan de
operación. En la guerra del Chaco, por meses estaban posicionados ambos
contendientes en Gondra. El sargento Duré (si mi memoria no me falla) propuso a
su jefe cavar un túnel para salir a retaguardia de la línea enemiga. Su jefe le
preguntó si cree posible hacer. El sargento respondió, “si el tatú (armadillo)
hace, ¿por qué nosotros no podemos hacer?” El jefe llevó la idea al coronel
Rafael Franco que de inmediato la aprobó. Una vez terminado el túnel de Gondra,
Estigarribia dio la orden de empezar la operación. Así comenzó la fulgurante
victoria de Campo Vía.
Finalmente, lo que quiero señalar es que todos los planes de ataque del
mariscal López, ninguno tuvo éxito, porque todos fueron hechos por chapucero.
F I N
MES DEL NATALIO DEL MCAL. LÓPEZ, ARTÍCULO FINAL.
LA POSGUERRA. Como sabemos, tras la desastrosa
campaña de Villeta donde fue destruido el segundo improvisado ejército
paraguayo en las batallas de Ytororõ,
Avay, Pikysyrý, Lomas Valentinas y la fortaleza de Angostura, ubicada en la
desembocadura del Pikysyrý al Paraguay (este se rindió), el ejército aliado
ocupó la ciudad de Asunción, capital de la República. El mariscal López fue a
instalar su puesto de comando en Azcurra, ocho kilómetros al norte del pueblo
de Pirajú y diez de Caacupé. En este lugar, López permaneció hasta la batalla
de Pirivevýi, extremo izquierdo de su endeble línea de defensa. Durante su
permanencia en Azcurra, se dedicó a formar un tercer ejército, para ello reclutó
todos los niños de la zona desde la edad de 11 años. Como todos saben, el 12 de
agosto de 1869 el ejército aliado tomó Pirivevýi y ante la dramática situación,
el mariscal López empezó su patética retirada, siguiendo la dirección de
Karaguatay-San Estanislao-Kuruguaty-Panadero-Cerro Corá.
Mientras López se hallaba en Azcurra, en mayo de 1869
-previa autorización del alto mando de los aliados, fue electo un Gobierno
Provisorio, cuyo trabajo más urgente era enfrentarse a los grandes problemas
sociales; pues estaba convencido de que un Estado sano sólo se puede
desarrollar cuando cada individuo tiene asegurado un máximo de oportunidad
económica para ganarse la vida. Consecuentemente, aprobaron la Constitución de
1870, considerada hasta hoy, si no la mejor, por lo menos una de las mejores.
Por supuesto, hasta 1876 aún no disponíamos de una libertad completa, porque
existían restricciones considerables por la ocupación de la fuerza aliada. Sin
embargo, se aceleró el desarrollo político de nuestro país que por primera vez
desde 1813 conoce otro tipo de Gobierno que no sea la dictadura. Incluso las almas de los pocos hombres
sobrevivientes habían sufrido tales heridas que parecía dudoso que pudiera ser
posible su recuperación a corto plazo.
Durante y después del siniestro quinquenio, solo
paso a paso se ha delegado las funciones de los Poderes Ejecutivo y Judicial en
un Gobierno provisorio electo por el pueblo en mayo de 1869, pero con un poder
limitado para tomar decisiones. Es justo reconocer que durante los años
difíciles de la posguerra, el 40 % de los sobrevivientes de la población
paraguaya, fue salvado de morir de hambre por la ayuda de la fuerza aliada que
proporcionó los alimentos que en aquellos momentos no se podían comprar con los
ingresos de las exportaciones de Paraguay. Fue esta ayuda la que hizo posible
el inicio de la reconstrucción.
Aunque moleste a los nacionalistas extremos, no es
malo reconocer que las tropas aliadas se constituyeron en consumidores de manos
de obra e importante mercado de consumo de producto nacional hasta 1876.
Durante este espacio de tiempo, el puerto de Asunción se hallaba abarrotado de
barcos provenientes de Río de Janeiro, Porto Alegre, Montevideo y Buenos Aires,
trayendo y llevando mercancías. Para resolver los ingentes problemas el
Gobierno provisorio hizo todo lo que estaba a su alcance para reducirlos. ¿Qué
hubiera pasado si las tropas aliadas se retiraban tras la muerte del mariscal
López?
ENSEÑANZA: Con discursos desafiantes de Solano
López -como era el estilo de Hitler-, no se gana batalla ni la guerra, no eran
sino para engañar al pueblo y justificar la creación de un ejército sin par en
América del Sur, con el pretexto de que, la independencia del Paraguay estaba
amenazada por Brasil y la Argentina. También podría ser una táctica política
para encubrir su intención de librar una guerra. Sacó un decreto en el cual
ordenaba, sin consultar al pueblo o a sus representantes, para que todos los
varones del país sin excepción -sean solteros o casados-, desde los 16 a 60
años de edad, se presenten en los campamentos para recibir instrucción militar.
Hagamos una analogía: Un granjero trabaja su
tierra, siembra maíz, poroto, soja, planta árboles frutales, hortalizas y cría
animales domésticos. Él como propietario puede disponer libremente de sus
productos. O sea, puede cosechar los que ha sembrados y matar sus animales para
consumo propio y vender. IGUAL AL GRANJERO, EL MARISCAL LÓPEZ MANDÓ A SUS
COMPATRIOTAS A LA GUERRA COMO SI FUESEN PRODUCTOS SUYOS.
Desgraciadamente, Solano López ignoraba que invadir
territorio de un país vecino constituye siempre un gran riesgo. Si creyó que su
destino era la responsabilidad por un Paraguay influyente en la región, su
deber fundamental era agotar todos los medios a su disposición para ahorrar a
su pueblo los horrores de una guerra destructiva cuyo fin nadie puede prever. Si
Solano López reflexionaba rectamente, se hubiera convencido que lo más
patriótico era emular a su padre. Porque
cualquier vida perdida en la guerra es una vida humana, sin importar su
nacionalidad. Una mujer que queda viuda, los niños inocentes privados de los
cuidados y atenciones de sus padres son grandes problemas que hay que evitar en
todo lo posible. Al terminar la guerra con la muerte del mariscal López, no
quedó ni una sola familia que no haya quedado desintegrada.
La aspiración genuina de todo jefe de Estado
responsable son obrar a conciencia y patriotismo, y ofrece a su pueblo
seguridad, justicia y paz, para que la familia tenga la garantía para ver
nacer, crecer y desarrollar a sus hijos. Pero, ¿Qué es la paz? Significa que
Paraguay vive en la región con sus vecinos en armonía y seguridad. Significa
que Paraguay viva dentro de sus fronteras, segura contra cualquier agresión, aceptando
y respetando el derecho de gentes. Practicando la tolerancia y respeto a los
derechos de otros.
FIN
JUICIO POLÍTICO. ¿CAMBIAR UN GOBIERNO Y MEJORAR?
Romper la
continuidad de un Gobierno electo democráticamente, querer comenzar de nuevo
con nuevas autoridades que el pueblo no las eligió para tal cargo,
necesariamente hay que empezar de nuevo: con nuevos planes y proyectos. Cambiar
al actual Gobierno significa retrasar nuestro desarrollo -justo cuando el
actual está mejor preparado para aprovechar las experiencias adquiridas en bien
del país-, no es razonable ni patriótico.
Marito está
administrando bien nuestro Estado, pero con las experiencias que ya ha sabido
acumular secundará un mejor Paraguay. La historia tiene demostrada que en el
campo económico, la continuidad favorece el desarrollo y la prosperidad.
Necesitamos dar continuidad al Gobierno electo por el pueblo; esto no
significa, precisamente, que el actual jefe de Estado debe ser reelecto, sino
favorecer que cumpla su periodo de Gobierno y ejecute sus proyectos. También
equivale que su reemplazante debe necesitar estar consustanciado con la política
de su antecesor y con su proyecto a mediano y largo plazo.
Hay abundante
ejemplo en la historia, que cambiar un Gobierno electo constitucionalmente y
mejorar, es pura utopía. Porque es perjudicial, y tenemos un ejemplo cercano con
la destitución por el Congreso –que ahora quiere hacer lo mismo con Marito-, del
presidente constitucional Fernando Lugo Méndez; ¿alguien hizo el cálculo de
cuánto costó a la nación? Porque los proyectos que se está ejecutando y a
ejecutar paran y hay que empezar de nuevo.
Alfredo Palacios, considerado
el más grande parlamentario argentino del S. XX, comentó sobre el JUICIO
POLÍTICO, -cambiando los que se deben cambiar-, de este modo:
«Es muy delicado
porque es una intervención de un Poder en otro Poder. Por ello se debe llevar a
cabo con responsabilidad, idoneidad, transparencia y sobre todo con justicia.
Los parlamentarios tienen que despojarse de sus intereses partidarios. El
Juicio Político es un arma terrible que el Congreso tiene. Mal desempeño de la
función es ambiguo, amplio y no se puede probar. Hacer política significa
trabajar por el bien común y no priorizar los intereses particulares o
familiares o sectoriales. No significa interpretar maliciosamente la Constitución.
No es un acto que se lleva contra una persona, sino se busca proteger con ello
los intereses públicos. No se debe aprovechar la situación para realizar un
golpe institucional. El pueblo tiene derecho a saber qué piensan sus
autoridades y líderes políticos. Para ello tienen que opinar, hablar».
El Juicio Político
que los partidos de oposición y el movimiento “Honor Colorado”, han intentado
destituir al presidente y vicepresidente de la República, mediante una mayoría
circunstancial, creando un alboroto innecesario, puesto que el presidente Mario
Abdo Benítez reconoció el error y rápidamente reparó el daño.
FINALMENTE, ha
llegado el momento de que los paraguayos dejemos u olvidemos nuestra vieja
costumbre de abandonar, frecuentemente, a nuestros aliados y amigos más fuertes
y ponernos del lado de los más débiles. Un ejemplo: Durante el Gobierno
del Dr. Federico Franco, cuando en las Naciones Unidas se llevó a cabo la
elección para un cargo importante, el Paraguay votó en contra del candidato
brasilero, y a favor del candidato de un país muy alejado del nuestro. La República Federativa del Brasil es nuestro aliado,
por consiguiente, debemos tener cuidado de no ofender. Usemos la diplomacia
para resolver los inevitables conflictos con los vecinos, y no con bravuconería.
(Luque-Paraguay, 03-08-2018)
FIN
BATALLA DE PIRIVEVÝI, Resumen extraída de la obra del
suscrito «LA CONDUCCIÓN DEL EJÉRCITO PARAGUAYO EN LA GUERRA DE LA TRIPLE
ALIANZA».
El 12 de agosto de 1869, al quebrar el alba, el conde
d’Eu remite un ultimátum al jefe
paraguayo, para que retire del reducto a las mujeres, enfermos y los numerosos
niños menores de 10 años de edad que allí se encontraban, para no poner en riesgo
sus vidas. El teniente coronel Pedro Pablo Caballero, menospreciando la
amenaza, en vana jactancia replica en estos términos: «decid a vuestro jefe que
las mujeres y niños están aquí seguros y que él mandará en territorio paraguayo cuando no haya un paraguayo que lo
defienda».
El mariscal López le había dado la orden: «Cada
hora que usted resiste será de enorme ayuda para rechazar el ataque del enemigo
y luego destruirlo. Su retirada de Pirivevýi no se llevará a cabo en ningún
caso: ¡esto no es un pedido sino una orden! En cualquier caso es preferible
incendiar el pueblo antes que entregar».
La verdad es que Caballero no sabía si romper el cerco
en un punto y escapar con sus tropas y la gente que se encontraba allí, o bien
esperar el golpe con resignación. Él cumplía la orden dócilmente, sin
preguntarse si su lucha, su muerte y el sacrificio de sus tropas y de las
innumerables mujeres y niños que se hallaban a su cuidado pueden ser de alguna
utilidad para la nación o para el logro de algún objetivo táctico. Es más, sus
medios no guardaban proporción con la importancia del sector a defender: el
flanco izquierdo del ejército y la Capital Provisoria de la República.
En otra ocasión podíamos considerar hasta honrosa la
briosa réplica de Caballero, pero considerando la situación del frente
defensivo paraguayo que se hallaba sobre extendida peligrosamente, con extensos
claros de una unidad a otra; por consecuencia, era muy difícil con apenas
12.000 hombres y deficiente apoyo de artillería tratar de impedir la
penetración del enemigo en algún punto de los más de 30 Km., del frente
defensivo. Por tanto, a esta altura de las circunstancias el resultado de la
defensa podía saberse por anticipado: otro vano sacrificio del soldado
paraguayo. Entonces, podemos juzgar la actitud de Caballero como más
jactanciosa que valiente.
Cuando el conde d´Eu recibió la respuesta de Caballero
ordena el comienzo del ataque. El ejército aliado ataca por cuatro direcciones
y por sendos caminos que llegan a Pirivevýi:
1) Por el norte: dos
brigadas de infantería, la 3ª división de caballería de Vasco Alves y la
brigada de infantería argentina del coronel L. Campos; todo bajo la directa
conducción del conde d’Eu (ojo con esto: el conde estaba al norte del pueblo y
Caballero se rindió al general Victorino, que estaba al sur).
2) Por el NE:
camino a B. Grande: la 1ª división de infantería de Oliveira Bueno;
3) Por el SE:
camino a Valenzuela: el II cuerpo de ejército de Victorino Monteiro (ojo con
esto: Caballero se entregó a este general). Señalamos este hecho, porque el
conde d’Eu se hallaba alejado del lugar donde fue ejecutado Caballero);
4) Por el oeste, camino a Caacupé: ataque principal, el I cuerpo de ejército, en tres
columnas, bajo la conducción del general Manoel Luis Osorio: la 1ª columna, el
cuerpo de ejército (-); la 2ª, el destacamento de João Manoel Mena Barreto; y
la 3ª columna, la 2ª división de caballería de Corrêa da Câmara.
Tomaron parte en el ataque 20.540
hombres, de los cuales 19.000 brasileros, 900 argentinos y 500 uruguayos,
apoyados por 50 cañones. Al despuntar el alba, la artillería aliada, como
preparación del ataque, empieza a lanzar una catarata de proyectiles explosivos
sobre la ciudadela que cesa dos horas y media después, dando paso a la
infantería. La artillería aliada arrojó más de 1.500 proyectiles y 200 cohetes
incendiarios dentro del reducto. Las artillerías de ambos contendientes se
enzarzan en un encarnizado duelo de David contra Goliat. En realidad, la
situación era sumamente peligrosa para los paraguayos, pues se encontraban
cogidos en medio de un estrecho cerco capaz de acogotarlos en un par de horas.
Los horrísonos estruendos que hacían al explotar las bombas arrojadas por la
artillería aliada y las miles de esquirlas causaban desorden, incendios, clamor
de los heridos y muertes por doquier. Las tropas del primer cuerpo, bajo la
conducción de Osorio, Mena Barreto y Corrêa da Câmara avanzan bajo una lluvia
de proyectiles de los defensores. En el segundo asalto, los aliados logran
forzar el sector oeste de la línea principal de resistencia del recinto y
empieza un fiero combate a la bayoneta en la entrada de la calle principal,
donde el general Mena Barreto es herido mortalmente.
La tenaz defensa de los paraguayos cede ante la abrumadora superioridad de los
atacantes.
Varios de los centenares cohetes
incendiarios lanzados por los brasileros caen encima del barracón -construido
de paja y tabla de cocotero- donde guardan reposo los enfermos y heridos,
provocando incendios que abrazan el rudimentario cobertizo, que por causa del
frío solo contaba con una pequeña abertura de entrada y salida. Atizado por el
frío viento del este, el siniestro se propaga por el barrancón hasta los
cimientos, cuyas llamas furiosas se alzan hacia el cerúleo cielo. Las llamas
embravecidas por el viento corren con rapidez por todo el galpón, devorándolo
todo. Desesperados los enfermos que se hallaban dentro, intentan escapar de
aquel terrible incendio que se propaga y causa estragos. Algunos logran
salvarse con quemaduras de diversos grados. En treinta siglos de historia
militar no se registra ni un ejemplo que niños, mujeres, enfermos y heridos
hayan sido ubicados en el área avanzada de defensa, sino siempre en la
retaguardia, en un lugar donde pueden estar fuera de todo riesgo; porque hacer
lo contrario como en este caso es una crueldad alevosa y siniestra.
La unidad que era de Mena Barreto rompe
la línea de defensa y penetra raudamente hacia el corazón del reducto.
Caballero, forzado por la situación, se rindió e inmediatamente fue ejecutado
por orden del general Victorino para vengar la muerte de Mena Barreto.
Historiadores paraguayos atribuyen al conde d’Eu la indecorosa acción, sin
embargo este se encontraba al otro extremo de la ciudadela cuando sucedió el
asesinato y solo se enteró de la dolorosa noticia cuando todo estaba terminado.
Terminada la encarnizada y desigual
lucha, un silencio aterrador horrorizaba el corazón de los sobrevivientes.
Imposible describir la mortandad y los horrores de la batalla y ajustar las
penas a tantos desastres; por todas partes se veían cuerpos inertes: en las
calles, delante de las casas y en el atrio de la iglesia. Por todas partes
lamentos y pavor de los heridos, varios de ellos con la pierna o brazo cortado
a cercén imploraban auxilio, por todo lado la muerte bajo innumerables formas y
cadáveres hacinados; el pueblo quedó reducido a escombros.
En toda guerra, durante el combate la
lucha es sin cuartel, no hay piedad para nadie ni espacio para el
sentimentalismo. El dilema es: o se mata o se muere. Es inútil esperar en tal
trance extremo, misericordia a quienes luchan por la supervivencia. La ferocidad
de la lucha ya no es tanto ni por la patria ni por la gloria en ese momento
difícil por el que atraviesa un soldado, sino a lo más para salvar la vida. La
guerra es así, matar al enemigo, asolar pueblos, violar mujeres y saquear
ocurren en cualquier guerra hasta ahora. Por ello, sea como fuere, estimamos
como exagerados e inexactos que las tropas aliadas sean consideradas como una
especie de bestia cruel, sanguinario e inhumano; y que las tropas paraguayas
que ocuparon Mato Grosso, Río Grande del Sur y Corrientes, eran, según la
teoría idílica de algunos historiadores paraguayos: correctos, disciplinados y
respetuosos de los derechos humanos de los habitantes de los pueblos
conquistados.
El conde d’Eu cuenta lo siguiente:
«encontramos varios depósito existente aquí, en Pirivevýi: mucho dinero, de
papel moneda, objetos de plata, objetos de vestuarios, de utensilios que cortan
y que sierran; había un archivo colosal que contenía todos los documentos más
importantes del Gobierno de López. Había también depósito de azúcar, de harina,
de mate y por fin, lo que me pareció fabuloso, un inmenso depósito con los
vinos más finos de todos los países de Europa, lo que fue reconocido,
inmediatamente, como bodega de Lynch. Ese depósito fue descubierto por
Tiburcio, que se atribuyó el derecho de cometer algunas generosidades. Se dignó
enviarme tres botellas de champán, que tomamos en la cena. Y era, realmente,
champán de primera calidad, como no se encuentra, creo yo, ¡en ningún lugar de
América del Sur! Lo mismo se aplica a todos los otros vinos, …»
Las bajas. De los 1.600 con que
contaba la guarnición antes del inicio de la batalla, murieron 1.100 y 500
quedaron prisioneros, la mayoría herido. Los aliados sufrieron pocas bajas. Las
tropas argentinas sufrieron 21 muertos y 97 heridos. Tasso Fragoso escribió en
su monumental obra: «Los defensores de Pirivevýi
se batieron con su habitual coraje y echando mano a cualquier cosa para
rechazar el ataque». Y el teniente Evangelista de Castro Dionisio Cerqueira
(llegó a ser general y ministro de Relaciones Exteriores) publicó una obra en
la posguerra en la que sentenció: «los paraguayos se defendían bravamente, pero
sus armamentos no les ayudaban».
La determinación de Solano López de instalar la
Capital de la República en uno de los extremos de su línea de defensa, además
de absurda era perversa. Pirivevýi no
solo era un reducto vulnerable, sino también se encontraba aislada y fácilmente
podía ser cercado. A más de esto, el mariscal violó un principio fundamental de
defensa: el “apoyo mutuo” que debe haber entre las unidades
vecinas. La unidad que ocupa el extremo de una posición defensiva como Pirivevýi, debe siempre estar apoyada en
obstáculo y cubierto el otro flanco por otra unidad. Por lo tanto, la caída de Pirivevýi era previsible. No se necesita
ser muy listo para intuir como elemental medida previsora, la necesidad de
trasladar la capital provisoria a Caacupé
o Atyrá, una localidad ubicada a diez kilómetros a retaguardia del área de
defensa avanzada de López. Allí podrían haber estado mejor resguardado no
solamente las alhajas y los objetos de oro de la iglesia, el archivo nacional y
el depósito de alimentos y los exquisitos vinos, champán y otros licores de la
pareja López-Lynch. Con razón Mc Mahon se quedó siete meses más después de
haber sido destituido de su cargo. También
la casi un millar de mujeres con sus numerosas criaturas y los centenares
heridos y enfermos. Como un mandato moral y por respeto a los derechos humanos,
a toda esa gente se debió mantener fuera del alcance del enemigo y no exponerla
a un riesgo innecesario o usarla como escudo defensivo o con propósito de
entretener al enemigo mientras el mariscal López empezaba una nueva huida.
A
excepción de la bodega abundantemente surtida de finas bebidas de los
López-Lynch, todos los objetos de mucho valor que fueron recogidos por el
comando aliado y entregados -bajo inventario- al Gobierno provisorio con el
propósito de que sean vendidos y los importes obtenidos sean utilizados para
socorrer a las decenas de miles de familias indigentes que pululaban por todo
el territorio nacional.
FIN
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