viernes, 21 de agosto de 2015

LAS FUERZAS ARMADAS Y LA NACIÓN

          LAS FF AA Y LA NACIÓN. En el diario ABC Color del día de ayer domingo 16 de agosto, página 4, aparece un artículo del experto en política de defensa, Abog., Jacinto Santa María, con el sugestivo título “¿US$ 600 millones más para las Fuerzas Armadas?”. El razonamiento del mencionado especialista, según mi parecer, sólo es lógicamente correcto en apariencia, y que lo ha concebido  con la intención de inducir a la opinión pública a oponerse al aumento del presupuesto de las FF AA. Está demostrada que el desarrollo del país y la seguridad nacional debe avanzar juntos para ubicar la paz, la justicia y la prosperidad de nuestra nación por encima de todo. En nuestro continente, el Paraguay es el que menos gasta, conforme PIB de cada país, en sus FF AA.
      Uno de los varios puntos que me preocupa del mencionado artículo es el planteamiento de llevar  “a un amplio debate político y ciudadano para analizar su justificación”. Como si el accidente de helicóptero ocurrido la semana pasada para descubrir la causa, un asunto que corresponde a especialistas, debiera llevarse la discusión en el Mercado 4. La organización, instrucción, equipamiento, armamento, logística, etc., de las FF AA son cuestiones eminentemente técnica.
      Al personal de las FF AA le es indispensable acompañar la evolución de la tecnología bélica. Para abreviar, me parece que el Abog., Jacinto Santa María, debería haber pasado antes de escribir el artículo de marras, por el ministerio de defensa nacional para enterarse en qué estado de necesidad se encuentran el equipo y los armamentos (fusil, ametralladora, mortero, cañones, tanques, etc., para el ejército; buques de guerra de la marina, aviones de la fuerza aérea, y la indispensable logística. Y qué cantidad de estos elementos se encuentran en depósitos para caso de movilización de la reserva de las FF AA.
       Las FF AA cuentan con profesionales militares de altísimo nivel que permanentemente están realizando la correspondiente apreciación de la situación estratégica para estar prevenido. Y estar prevenido significa contar con reservistas bien instruidas, encargar para la compra –que debe hacerse como mínimo cinco años antes de empezar la movilización de los reservistas- equipos y armamentos con antelación, a fin de armar a las tropas en caso de movilización.
        Considerando que aún entre los especialistas no se tiene un concepto acabado sobre las FF AA de la nación, y ni qué decir de los políticos y ciudadano común, he resuelto publicar a partir de hoy, algunos artículos de mi libro inédito “Las FF AA y el Estado”.
        INTRODUCCIÓN I. Mi trabajo sólo consiste, principalmente, en juntar ideas y opiniones sobre las FF AA, y poner a consideración de los compatriotas el cúmulo de materiales reunidos. La parte científica que me corresponde radica en la intención de poner de relieve la esencia de los elementos y factores que caracterizan a las FF AA, en mostrar de qué modo se vinculan con el Estado y porqué es una institución fundamental de una asociación política.
       Las proposiciones que ofrezco tienen su fundamento en grandes obras del pensamiento, en la reflexión y en el concepto mismo de la guerra. Es decir, no son sino simple resumen del acopio de pensamientos, ideas y opiniones sobre las instituciones armadas.
       Tal vez este trabajo no constituye más que un hatillo de trivialidades y sandeces que pretende ser coherentes. Me he inclinado a presentar, como si de pequeños granos de oro y plata se trataran las ideas, largos años de estudio y de reflexión sobre las FF AA, y la guerra que es sin duda alguna consecuencia de la competencia y la lucha por la vida. Debido a esta lucha todo Estado necesita de FF AA, porque de los muchos Estados que existen actualmente, algunos irán desapareciendo, otras sobrevivirán y tal vez nacerán nuevos Estados, en perfecta consonancia a la teoría de Charles Darwin de “adaptación al medio, selección natural o la supervivencia de los más aptos”.
       Si un país debilita o suprime sus FF AA, y como dice un principio de Física, a la naturaleza le horripila el vacío, por tanto, pronto se llenaría el espacio dejado con asociaciones armadas con fines criminales o crematísticos, o estimularía la creación de grupos rebeldes con propósitos de separatismo. Lo más grave es la situación propicia que se instauraría para que un país sea fraccionado políticamente en pequeños Estados.
       Al gobierno le ha sido dado usar la fuerza para reducir a rebeldes, refractarios y desobedientes para alcanzar los fines del Estado. Por consiguiente, sería una irresponsabilidad de los hombres mejor ilustrados de nuestra nación querer negar la importancia de las FF AA. Debe llamarnos a la reflexión la actual situación de Colombia con dos fuerzas armadas y el hecho ocurrido en Chechenia, una de las 21 repúblicas de la Federación de Rusia, cuando el 1º de septiembre de 2004, un grupo de rebeldes partidarios del separatismo tomaron una escuela con mas de mil personas y las mantuvieron como rehenes hasta que tropas del ejército ruso irrumpieron en la escuela, a sangre y fuego, rescatando a la mayoría de los niños sano y salvo. Estos dos ejemplos confirma lo que Trotski afirmaba: “Todo Estado está fundado en la violencia”, porque todo Estado está sometido a un permanente peligro de fraccionamiento.
       Nicolás Maquiavelo (1469-1527) en su libro “Del arte de la guerra”, escribe: “El mejor de los regímenes, sin protección militar, correría la misma suerte que aguardaría a las estancias de un soberbio y real palacio que, aun resplandeciente de oro y pedrería, carecieran de techo y no tuviera nada que las resguardase de la lluvia”.

        CONTINUARÁ


 LAS FF AA Y LA NACIÓN. INTRODUCCIÓN II. Con la publicación de los artículos, lo más resumido posible, me propongo tres fines: difundir ideas que justifican a las FF AA, estimular la lectura sobre temas militares y probar que un Estado sin una fuerza militar eficiente para su defensa no puede sobrevivir. Quiero agregar a esto, que cada vez que me encuentro con una idea nueva me regocijo como si fuese mía, porque creo que lo importante es, no que sea mía, sino que sea conocida. Respecto a esto, el escritor francés Jean de La Bruyere (1645-1696) afirmaba que todo está dicho, que el arte consiste en vaciar lo dicho en moldes nuevos.
           Mi intención es compartir con los amigos de Facebook.com, el acopio de opiniones, ideas, pensamientos sobre la importancia de contar y mantener una eficaz fuerza militar. Por tanto, es preciso que los militares profesionales consoliden constantemente sus conocimientos, aguardando a que el destino les tome como medio y les mande ejecutar; y para que así sea, el gobierno nacional (poderes ejecutivo y legislativo) tiene la obligación de crear las condiciones apropiadas, porque las FF AA son tal cual como los políticos las desean. Si los oficiales tienen robustecidas sus conocimientos, se cuentan con suboficiales bien dotados,  reservistas bien instruidos, y buenos armamentos, nuestras fuerzas militares estarán  prontos, en el instante supremo en que el destino de nuestra nación se encuentra ante la terrible disyuntiva de paz o guerra. Y si es forzada a aceptar el reto de luchar para defender algunos de los intereses vitales de nuestra nación sobre los campos de batalla, no podría caber duda alguna que nuestras FF AA cumplirán con su deber como tiene  demostrado a lo largo de su historia. DE LO CONTRARIO, el día del peligro, el día en que el destino de la nación paraguaya deberá jugarse en una guerra en defensa de la independencia o soberanía o de la integridad territorial, la nación buscaría en vano oficiales dignos de la victoria.
       Los comentarios que en los días sucesivos estaré poniendo a consideración de la gente, que por motivo eminentemente pragmático está dividido en capítulos, contiene y desarrolla, y se van desgranando de forma no muy ordenada ni homogénea aspectos como paz imposible, el pacifismo, porqué un Estado no puede conservarse sin fuerza eficiente, el tamaño conveniente de una fuerza armada, el servicio militar obligatorio (SMO) y la objeción de conciencia.
          Tal vez, no habrá que esperar mucho tiempo para ver cómo un espíritu superior al mío, aquel camarada al que Dios ha distinguido con sus dones de inteligencia, talento e ingenio, sabrá presentar en lugar de estos conceptos dispersos, un conjunto fundido de ideas y juicios exentos de toda aleación.
       La única ambición que tengo es explicar y vulgarizar la importante misión de las fuerzas armadas, elemento esencial de un Estado, que no es ni tan conocida ni tan bien estudiada por los políticos como pudiera desearse. A menudo se recuerda su misión constitucional, pero pocas veces ha sido bien comprendida.
       Estaré muy agradecido a todas las personas por su interés en este trabajo, y desde ya por la enorme contribución con la que podrán colaborar a mejorar la calidad de mis esfuerzos. Sin embargo, seré el único responsable de las ideas, opiniones y los errores de esta publicación, que posiblemente muchos la juzgarán desdeñable por no traer ninguna novedad, pero si llega a originar otra mejor, me sentiré sumamente dichoso de no haber malogrado mi tiempo.
Continuará mañana con el capítulo I. Paz imposible, guerra improbable.
                                                          Luque, 17 de agosto de 2015.-

                                                                                 Coronel (R) Teodoro Ramón Delgado.


      LAS FF AA Y LA NACIÓN - CAPÍTULO I: “PAZ IMPOSIBLE, GUERRA IMPROBABLE”.
      La situación habitual del hombre, así como de pueblos y naciones, es la competencia. Esta es la que origina desconfianza y conflicto de intereses que frecuentemente llevan a la lucha, cuyas formas son innumerables. La historia nos enseña que desde la época más remota la humanidad asiste a un permanente conflicto entre hombres, tribus, pueblos y países. Este antagonismo generado por la competencia y la desconfianza lleva a la violencia, ya sea por zonas de caza, cuestiones económica, política, ideológica, religiosa, étnica, territoriales, cursos de agua, manipulación del medio ambiente, desarrollo de armas prohibidas, etc.; porque existen tantos motivos  de conflictos como riquezas sean objeto del deseo de los demás. Por consiguiente, podemos inferir que no existe “la paz perpetua” (la frase es el título de una obra de E. Kant) entre los hombres ya que el antagonismo es incesante. Este argumento podemos reforzar con el pensamiento del eximio filósofo inglés Thomas Hobbes, necesaria para entender mejor la esencia de lo que estoy queriendo probar. “En su deseo natural de acrecentar poderes, cada hombre tiene que habérselas con cada otro hombre. Y esa competencia por la adquisición de riquezas, honores, dignidades, o cualquier otro signo de poder, lleva al antagonismo, a la enemistad y a la guerra. La primera inclinación natural de todo ser humano es un perpetuo e inalcanzable deseo de conseguir poder tras poder, que solo cesa con la muerte. Esto no siempre es porque no se contente con un poder moderado, sino porque no puede asegurarse el poder y los bienes que tiene en el presente para vivir bien, sin adquirir otro más. Y cuando esto ha sido alcanzado, otro nuevo deseo tiene lugar”. Por tanto, no puede caber duda alguna que la competencia, el deseo de incrementar más poder, y la búsqueda constante de la seguridad de los bienes son las que a menudo llevan a la guerra entre las naciones.
     Si hacemos una somera apreciación de la situación general de los conflictos bélicos en el mundo a la luz de los acontecimientos de los últimos 60 años, nos convenceremos que las FF. AA son imprescindibles, y para comprender y valorar mejor su importante misión debemos contemplarlas en el contexto del conflicto sin fin del que el Paraguay forma parte; y así llegaremos a la conclusión de que es necesario contar con una fuerza militar eficiente para la defensa de los intereses vitales de la nación. Porque así como afirma el físico norteamericano, Julius Robert Oppemheimer (1904-1967, tuvo un papel importante en las investigaciones nucleares): “Un Estado que carece de fuerzas para conservarse no tiene derecho a la existencia”. De lo contrario, sería contradecir la ley de naturaleza. Porque, si el gobierno nacional debilita nuestras FF AA o las desarma en un tiempo, a sabiendas que en nuestra región nadie hace lo mismo, solo logrará convertirse en presa fácil de los vecinos, facilitando así, deliberadamente, la propia desaparición del paraguay como estado independiente y soberano, lo cual es contrario al fundamento de la defensa propia.
Si preguntamos a cualquier ciudadano más o menos instruido: ¿qué guerras hubieron desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial?, sin dudar, probablemente, nos citará las de Corea (1950) , de Vietnam (1957), árabe-israelíes (1967) , las Malvinas (1982) Irak-Irán (1980) , Golfo Pérsico (1990) , Afganistán-Usa (2001), Alianza Inglaterra y USA-Irak (2003), etc. Sin embargo, en los últimos 50 años,  según el Instituto Internacional  de  Esto- colmo para la Investigación sobre la Paz (SIPRI), el mundo ha conocido cerca de 160 conflictos bélicos en que perecieron aproximadamente 7.200.000 combatientes, casi el equivalente de la Primera Guerra Mundial. Además, SIPRI informó la existencia de 30 conflictos bélicos sólo en 1990. En Ruanda, en 1994 hubo un millón de combatientes muertos. Dice SIPRI que durante los últimos 55 años, sólo un mes la Humanidad vivió sin guerra. Señalemos que después de la guerra de la Triple Alianza (1864-1870), había que ser un lunático para pensar en otra guerra. Sin embargo, 62 años después estalló la Guerra del Chaco, en el mismo momento en que el presidente de los EE UU, Heber Hoobert (1929-1933) planteaba al mundo, “la necesidad de reducir la abrumadora carga de los armamentos que  ahora gravitan sobre los asalariados del mundo. Mi objetivo es lograr la prohibición de los tanques de guerra, las armas químicas, los grandes cañones y los aviones de bombardero”. Siete años después empezó la guerra más destructiva  de la historia: La Segunda Guerra Mundial.
Los titulares sobre conflictos armados que todos los días escuchamos, leemos y vemos por la prensa nacional, no han acallado al coro de pacifistas que constantemente recomiendan suprimir o reducir gastos de nuestras FF. AA, sin considerar que antes será necesario abolir la competencia para garantizar la paz. Además, la variedad de los esfuerzos realizados para evitar o detener las guerras, y la manera como renacen siempre bajo nuevas formas y pretextos, nos hacen creer que “el mal es incurable, inevitable y que constituye una de las funcio      LAS FF AA Y LA NACIÓN - CAPÍTULO I: “PAZ IMPOSIBLE, GUERRA IMPROBABLE”.
      La situación habitual del hombre, así como de pueblos y naciones, es la competencia. Esta es la que origina desconfianza y conflicto de intereses que frecuentemente llevan a la lucha, cuyas formas son innumerables. La historia nos enseña que desde la época más remota la humanidad asiste a un permanente conflicto entre hombres, tribus, pueblos y países. Este antagonismo generado por la competencia y la desconfianza lleva a la violencia, ya sea por zonas de caza, cuestiones económica, política, ideológica, religiosa, étnica, territoriales, cursos de agua, manipulación del medio ambiente, desarrollo de armas prohibidas, etc.; porque existen tantos motivos  de conflictos como riquezas sean objeto del deseo de los demás. Por consiguiente, podemos inferir que no existe “la paz perpetua” (la frase es el título de una obra de E. Kant) entre los hombres ya que el antagonismo es incesante. Este argumento podemos reforzar con el pensamiento del eximio filósofo inglés Thomas Hobbes, necesaria para entender mejor la esencia de lo que estoy queriendo probar. “En su deseo natural de acrecentar poderes, cada hombre tiene que habérselas con cada otro hombre. Y esa competencia por la adquisición de riquezas, honores, dignidades, o cualquier otro signo de poder, lleva al antagonismo, a la enemistad y a la guerra. La primera inclinación natural de todo ser humano es un perpetuo e inalcanzable deseo de conseguir poder tras poder, que solo cesa con la muerte. Esto no siempre es porque no se contente con un poder moderado, sino porque no puede asegurarse el poder y los bienes que tiene en el presente para vivir bien, sin adquirir otro más. Y cuando esto ha sido alcanzado, otro nuevo deseo tiene lugar”. Por tanto, no puede caber duda alguna que la competencia, el deseo de incrementar más poder, y la búsqueda constante de la seguridad de los bienes son las que a menudo llevan a la guerra entre las naciones.
     Si hacemos una somera apreciación de la situación general de los conflictos bélicos en el mundo a la luz de los acontecimientos de los últimos 60 años, nos convenceremos que las FF. AA son imprescindibles, y para comprender y valorar mejor su importante misión debemos contemplarlas en el contexto del conflicto sin fin del que el Paraguay forma parte; y así llegaremos a la conclusión de que es necesario contar con una fuerza militar eficiente para la defensa de los intereses vitales de la nación. Porque así como afirma el físico norteamericano, Julius Robert Oppemheimer (1904-1967, tuvo un papel importante en las investigaciones nucleares): “Un Estado que carece de fuerzas para conservarse no tiene derecho a la existencia”. De lo contrario, sería contradecir la ley de naturaleza. Porque, si el gobierno nacional debilita nuestras FF AA o las desarma en un tiempo, a sabiendas que en nuestra región nadie hace lo mismo, solo logrará convertirse en presa fácil de los vecinos, facilitando así, deliberadamente, la propia desaparición del paraguay como estado independiente y soberano, lo cual es contrario al fundamento de la defensa propia.
Si preguntamos a cualquier ciudadano más o menos instruido: ¿qué guerras hubieron desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial?, sin dudar, probablemente, nos citará las de Corea (1950) , de Vietnam (1957), árabe-israelíes (1967) , las Malvinas (1982) Irak-Irán (1980) , Golfo Pérsico (1990) , Afganistán-Usa (2001), Alianza Inglaterra y USA-Irak (2003), etc. Sin embargo, en los últimos 50 años,  según el Instituto Internacional  de  Esto- colmo para la Investigación sobre la Paz (SIPRI), el mundo ha conocido cerca de 160 conflictos bélicos en que perecieron aproximadamente 7.200.000 combatientes, casi el equivalente de la Primera Guerra Mundial. Además, SIPRI informó la existencia de 30 conflictos bélicos sólo en 1990. En Ruanda, en 1994 hubo un millón de combatientes muertos. Dice SIPRI que durante los últimos 55 años, sólo un mes la Humanidad vivió sin guerra. Señalemos que después de la guerra de la Triple Alianza (1864-1870), había que ser un lunático para pensar en otra guerra. Sin embargo, 62 años después estalló la Guerra del Chaco, en el mismo momento en que el presidente de los EE UU, Heber Hoobert (1929-1933) planteaba al mundo, “la necesidad de reducir la abrumadora carga de los armamentos que  ahora gravitan sobre los asalariados del mundo. Mi objetivo es lograr la prohibición de los tanques de guerra, las armas químicas, los grandes cañones y los aviones de bombardero”. Siete años después empezó la guerra más destructiva  de la historia: La Segunda Guerra Mundial.
Los titulares sobre conflictos armados que todos los días escuchamos, leemos y vemos por la prensa nacional, no han acallado al coro de pacifistas que constantemente recomiendan suprimir o reducir gastos de nuestras FF. AA, sin considerar que antes será necesario abolir la competencia para garantizar la paz. Además, la variedad de los esfuerzos realizados para evitar o detener las guerras, y la manera como renacen siempre bajo nuevas formas y pretextos, nos hacen creer que “el mal es incurable, inevitable y que constituye una de las funciones sociales” (Gastón Beauthoul, sociólogo francés), vale decir, que es imposible erradicar la guerra sin reemplazarla, de tal manera que la función pueda continuar cumpliéndose.
Por consiguiente, proponer reducir gastos o peor aún, que se suprima nuestras FF. AA o el cierre “temporal” de la Academia Militar tal como había propuesto al Congreso de la Nación hace algunos años una senadora de la nación, porque aseguraba que la paz en el mundo ya es un hecho. Pensar de este modo es combinar la tragedia con la ironía.

 nes sociales” (Gastón Beauthoul, sociólogo francés), vale decir, que es imposible erradicar la guerra sin reemplazarla, de tal manera que la función pueda continuar cumpliéndose.
Por consiguiente, proponer reducir gastos o peor aún, que se suprima nuestras FF. AA o el cierre “temporal” de la Academia Militar tal como había propuesto al Congreso de la Nación hace algunos años una senadora de la nación, porque aseguraba que la paz en el mundo ya es un hecho. Pensar de este modo es combinar la tragedia con la ironía.
Luque - Paraguay: sábado, 22-Ago-2015


LAS FF AA Y LA NACIÓN. CAPÍTULO II, “UN ESTADO NO PUEDE CONSERVARSE SIN FUERZAS MILITARES”.
Si dos personas o dos países compiten porque desean una misma cosa que no puede ser compartida por ambos, se convierten en enemigos; y para lograr su propósito, se empeñan en destruirse y someterse mutuamente. De esto nace la desconfianza que frecuentemente lleva a la guerra. El modo más razonable de protegerse contra esa desconfianza, que tantos los hombres como los países se inspiran recíprocamente, es la de contar con una fuerza disuasiva capaz de entrar en acción en caso de amenaza o agresión. Es por este motivo que los países se controlan y se observan recíprocamente, es decir, con sus cuarteles y cañones instalados en los fortines de sus fronteras, espiándose constantemente en actitud belicosa, de tal manera que cuando uno empuña una ametralladora no tenga que defenderse el otro con un machete.
          Los activistas de la paz de muy digno propósito, creen que nuestras FF. AA no tienen capacidad para cumplir su misión constitucional, ni tampoco confían en el arrojo y la determinación de los miembros de nuestras FF AA de desatar, quizá hasta lo apocalíptico, antes de entregar algún interés vital de la nación (independencia, integridad territorial, población, recursos naturales, etc.) sin luchar; tal como ya lo demostró las veces en que los destinos de nuestra nación se han jugado sobre los campos de batalla. Pero hay una cosa cierta: que para ganar una guerra no basta tener un ejército compuesto de numerosos hombres, sino también son necesarios contar con 4 elementos esenciales: 1) que el país tenga suficiente potencial de guerra (cantidad y calidad de la población, economía próspera, costa al mar, aliados confiables, etc), para mantener el poderío de las fuerzas militares hasta el fin de la guerra; 2) diplomacia de alta calidad; 3) buenos armamentos; y 4) generales idóneos, y, oficiales y suboficiales bien dotados, etc.
           Por estas consideraciones, creo necesario prevenir contra la imprudencia de confiar únicamente en tratados, buenas relaciones y en la aparente paz que actualmente reina en nuestra región, pero ¿quién garantiza que esta situación continuará indefinidamente? “No conozco cosa alguna en el mundo que permaneciera siempre en el mismo lugar”, escribió Renè Descartes; y para Galileo, lo natural era el movimiento y no el reposo. Así también, el general italiano Héctor Bastico en su libro “La evolución del arte de la guerra”, asevera nuestra conjetura sustentando el siguiente concepto: “Un país no puede conservarse sin un buen ejército, porque si él no acomete, lo acometen los demás, si no tiene preocupaciones externas, las tiene internas, por cuanto es una ley universal que nada permanezca inmóvil bajo el sol, ...”. Por consiguiente, mientras los demás países no renuncian a su derecho de contar con un poder militar, no hay razón para que nosotros estemos obligados a hacerlo, pues, ello implicaría el convertirnos en una presa fácil para los otros, cosa a la que nadie está obligado. Además, no podemos dejar pasar por alto la siguiente aseveración de Platón: “Solo los muertos han visto el fin de la guerra”. Tampoco, la satírica inscripción, “La paz perpetua”, escrita en el rótulo de una pensión holandesa, en el que se había dibujado un cementerio, que Kant menciona al principio de una de su más relevante obra, “Sobre la paz perpetua”.
         Es preciso agregar, que la guerra no se evita solo con proponer la supresión de las FF. AA, ni con discursos, oraciones, manifestaciones, marchas lamentaciones por los medios de comunicación masiva en aras de la paz. En un mundo cada vez más competitivo y complejo hay veces que incluso la propia guerra se convierte en un instrumento necesario para evitar un choque aun mayor y más terrible.
        Muchos creen que los gritos de dolor y la rabia bastan para hacer desaparecer los conflictos armados. Es indudable que se oyen en el mundo muchas reclamaciones furiosas, iracundas, acompañadas de gritos de dolor y de rabia contra las guerras. Si estos fueran suficientes para lograr la paz que todos ansiamos, nuestras preocupaciones sobre las guerras habrían concluido y las FF. AA ya no tendrían razón de ser. Lastimosamente, ante la situación actual, suprimir o reducir nuestras FF. AA se debe descartar con la máxima firmeza de que es capaz la prudencia, pues, por muy remota que nos parezca otra guerra, es preciso contar con una fuerza capaz y dispuesta a defender los intereses vitales de la nación.
        Confiar nuestra seguridad nacional exclusivamente en organizaciones supranacionales, no solo sería fomentar nueva guerra, sino también significaría exponer a nuestro país a otra desmembración o a la desaparición como Estado independiente, porque no está escrito que tenemos que agradecer la defensa nacional al favor Divino. No ignoramos que tanto el presente como el futuro aconsejan prudencia, pero no pusilanimidad ni avaricia. Por tanto, debemos dejar perfectamente sentado que estamos dispuestos a otro exterminio antes de consentir por mezquindad y negligencia poner en peligro la supervivencia de nuestra nación. Por todo ello, no veo otra manera de suprimir las FF. AA si no se procede a realizar antes, las propuestas siguientes:
a.      Abolir las guerras.
b.     Evitar las competencias que son las generadoras de conflictos.
c.     Contratar servicios de protección militar basada en fuerzas superiores a nuestros vecinos, tal como los países de tecnología avanzada proporcionaron a Kuwait y a Arabia Saudita durante la Guerra del Golfo Pérsico (1990-1991). Pero, ¿cuánto costaría esto?
        Si alguna vez nos involucramos en un conflicto en donde es inevitable el empleo de nuestro poder militar –ya que la guerra es la prolongación de la política y las FF. AA sus instrumentos – podremos culparnos, no por habernos negado a luchar, que seguro no ocurrirá, sino por habernos resistido a pagar un tributo desagradable, pero relativamente módico comparado con los que debemos proteger: LA REPÚBLICA DEL PARAGUAY.
Luque, 25 de agosto de 2015.-
                   Cnel. (R) Teodoro Ramón Delgado


          LAS FF AA Y LA NACIÓN. CAPÍTULO III, “EL TAMAÑO
 CONVENIENTE”. Nuestras FF. AA no deben ser pequeñas como algunos sostienen ni tampoco parecer grande con unidades de denominación abultada, y sin guardar ninguna relación con la “dotación de paz” o efectivos disponibles, sino que deben ser suficientes para cumplir eficazmente la misión constitucional.
       Cualquier FF. AA, aun siendo pequeñas por el efectivo y por los medios materiales, pueden llegar a ser poderosas por sus buenos armamentos, idoneidad del personal, disciplina, estoicismo, espíritu combativo y alta moral. Hay FF. AA que parecen grandes y no lo son realmente, posiblemente a causa de esta misma grandeza meramente externa; por ello “hay que huir de la pequeñez real y de la grandeza aparente” (Platón).
       Hay compatriotas que no solo creen sino que pregonan constantemente, que nuestras FF. AA son incapaces de cumplir su misión, y afirman que son innecesarias. Sin embargo, nadie intenta proponer su sustitución, ni siquiera delinear perfiles utópicos de otra forma de defender y custodiar los intereses vitales de la Nación, o, que al menos idealmente parezcan preferibles. No hay que creer mucho en la autenticidad de la aparente incapacidad. Porque no son nuestras FF. AA, en cuanto instrumento del Estado, las que marchan mal en nuestro país, sino las tareas en qué emplearlas en tiempo de paz. Faltan que los políticos elaboren y aprueben leyes que indiquen nuevos roles, además de lo ya impuesto en La Constitución Nacional. Juzguemos la importancia de un utensilio por el grado de utilidad que proporciona.
          Aquí hay un error de óptica que conviene corregir de una vez porque da grima escuchar las sandeces  que a toda hora se dice de nuestras gloriosas FF. AA. Desde luego, existe una serie de críticas sobre la institución; pero si se toman una a una, se ve que ninguna de ellas permite la conclusión de que deba suprimirse o achicarse, sino al contrario, todas llevan por vía directa a la necesidad de “reformarlas”. Ahora bien: dice Ortega y Gasset, “lo mejor que humanamente puede decirse de algo es que necesita ser reformado, porque ello implica que es imprescindible y que es capaz de nueva vida, de nuevos roles”.
        Se dice por ejemplo que no son eficaces. Los militares debemos preguntar entonces: ¿para qué no es eficaz? Porque la eficacia es la virtud que  una organización tiene para producir una finalidad. En este caso la finalidad de nuestras FF. AA sería: garantizar que los intereses vitales de La Nación y el logro de los objetivos fijados por el gobierno de la nación, se hallen a cubierto de interferencias y perturbaciones sustanciales.
        Considerando que los intereses vitales son los relacionados con la “vida” de La Nación, es decir, su existencia soberana como tal. Por ello, es que podemos considerar que los intereses vitales son las bases sobre las que descansa un Estado soberano y de cuya preservación depende su existencia. Su daño, vulneración o violación trae aparejada una pérdida de la capacidad de la Nación-Estado para proyectarse en procura de sus objetivos, ya sea por disponer una libertad de acción menor en algún campo, cierta mengua en sus recursos o determinada disminución en su capacidad de decisión (soberanía).
        Por eso debemos exigir de quien proclama la ineficacia o inutilidad de nuestras FF. AA, que posea él o ella una idea clara de cuál es. Porque si en nuestro país no está hoy claro, ni aun teóricamente, en qué consiste lo que las FF. AA deben hacer en tiempo de paz y que corresponde exclusivamente a los políticos determinar, no tiene sentido acusar de ineficacia a nuestra gloriosa institución. Estos hechos son tan indiscutibles, que olvidar demuestra franca malicia. No se confunda, pues, la posibilidad y la urgencia de reformar para hacerlas más eficaces adecuándolas a las actuales necesidades, con declarar su inutilidad. Más valdría recordar que jamás el Estado Paraguayo ha creado organización más formidable, mejor estructurada y más eficiente que nuestras FF AA, tal como fue demostrada en dos guerras internacionales.                                                Luque, 27 de agosto de 2015.-


LAS FF AA Y LA NACIÓN. CAPÍTULO IV, Y ÚLTIMO. “GUERRA DE NECESIDAD". No es justo ni conveniente para ningún Estado serio empezar la guerra, no sólo porque generalmente pierde quien comienza, y rara vez son derrotados los que se mantuvieron dentro de su territorio (guerra del Chaco, 1932-1935), sino también, porque el gobierno no ha sido instituido para romper la paz y empezar aventuras bélicas, sino para conservar la paz y defender a la nación de vecinos codiciosos o belicosos. Por tanto, todo gobierno tiene la principal obligación de proteger a su pueblo y procurarle paz, orden y progreso.
        Aunque tuviésemos a nuestra disposición, además de nuestro valeroso y glorioso ejército, la aviación inglesa, los blindados israelíes y la logística norteamericana, siempre debemos esperar hasta que llegue la necesidad y el deber de luchar, porque no es justo comenzar una guerra a no ser que se tenga una conciencia limpia que nos permita decir: “cómo nos gustaría tener paz, pero nuestro codicioso vecino nos obligan a la guerra. Nosotros preferiríamos no hacerla para que la guerra no se califique simplemente de guerra sino de debida protección y de legítima defensa”.
         Es preciso distinguir la guerra que uno comienza por su deseo y voluntad y la guerra a la que es empujado por necesidad o por coacción. La primera es propia de naciones inclinadas a la guerra y la segunda es una guerra de necesidad. No está demás,  recordar que “Dios dispersa a los que tienen ganas de guerrear, porque quiere paz para los hombres y es enemigo de los que empiezan la guerra y rompen la paz”.
       Me parece que no es inoportuno recordar, como ejemplo, a los rectos caballeros de la Edad Media ante una afrenta: “no desenvainan fácilmente la espada, no provocan a nadie, ni revelan ganas de luchar, pero cuando se les obliga no andan con juegos. Su espada está firme en la vaina, pero si tiene que desenvainar, no vuelve sin sangre en ella”. Por el contrario, los temerarios, los insensatos y los bravucones son siempre los primeros en provocar pelea, así también son los primeros en huir o en pedir cuartel.
      La defensa es una honesta causa para luchar y por eso ninguna ley castiga la legítima defensa. Quien mata a alguien en legítima defensa no es culpable ante nadie. Es por ello que en cualquier sociedad es considerado injusto a quien comienza una pelea, y justo el que sea derrotado o finalmente castigado. De este modo, encontramos en la historia que han sido vencidos la mayoría que empezaron una guerra.
       Las relaciones entre los países vecinos cambian constantemente, pues, a veces son estrechas, a menudo son antagónicas y otras veces más propensas a los conflictos que otras. Por consiguiente, el Paraguay debe buscar constantemente la estrategia más conveniente para contrarrestar militarmente a los países con quienes no es improbable tener algún día relaciones tensas o muy antagónicas, por lo que necesitamos contar con un plan de desarrollo de nuestro potencial militar, así como contar con una diplomacia eficiente.
       Evidentemente, que el perfeccionamiento continuo del potencial militar en el mundo es consecuencia del desarrollo económico y social, pues, a medida que un país se haga económicamente más rico precisa ser más poderoso militarmente. Porque la guerra es una eventualidad para la que deben estar siempre dispuestos los gobiernos previsores.
        El tiempo, el esfuerzo y los gastos requeridos para conseguir un potencial militar de primera categoría son razones más que suficiente para que el gobierno de la nación busque otras maneras de contrarrestar el poderío militar de los países de la región. El atajo vislumbrado no puede ser otro que una estrategia conveniente que nos permita potenciar al máximo el efecto disuasivo de nuestras FF. AA frente a eventuales acciones militares que se pudieran llevar a cabo contra nosotros. Si la estrategia escogida es correcta, seremos fuertes y en condiciones de defender adecuadamente los intereses vitales de nuestra nación.
Luque, 01 de setiembre de 2015.-
FIN















jueves, 20 de agosto de 2015

LAS FUERZAS ARMADAS Y LA NACIÓN.

LAS FF AA Y LA NACIÓN. En el diario ABC Color del día de ayer domingo 16 de agosto, página 4, aparece un artículo del experto en política de defensa, Abog., Jacinto Santa María, con el sugestivo título “¿US$ 600 millones más para las Fuerzas Armadas?”. El razonamiento del mencionado especialista, según mi parecer, sólo es lógicamente correcto en apariencia, y que lo ha concebido  con la intención de inducir a la opinión pública a oponerse al aumento del presupuesto de las FF AA. Está demostrada que el desarrollo del país y la seguridad nacional debe avanzar juntos para ubicar la paz, la justicia y la prosperidad de nuestra nación por encima de todo. En nuestro continente, el Paraguay es el que menos gasta, conforme PIB de cada país, en sus FF AA.
      Uno de los varios puntos que me preocupa del mencionado artículo es el planteamiento de llevar  “a un amplio debate político y ciudadano para analizar su justificación”. Como si el accidente de helicóptero ocurrido la semana pasada para descubrir la causa, un asunto que corresponde a especialistas, debiera llevarse la discusión en el Mercado 4. La organización, instrucción, equipamiento, armamento, logística, etc., de las FF AA son cuestiones eminentemente técnica.
      Al personal de las FF AA le es indispensable acompañar la evolución de la tecnología bélica. Para abreviar, me parece que el Abog., Jacinto Santa María, debería haber pasado antes de escribir el artículo de marras, por el ministerio de defensa nacional para enterarse en qué estado de necesidad se encuentran el equipo y los armamentos (fusil, ametralladora, mortero, cañones, tanques, etc., para el ejército; buques de guerra de la marina, aviones de la fuerza aérea, y la indispensable logística. Y qué cantidad de estos elementos se encuentran en depósitos para caso de movilización de la reserva de las FF AA.
       Las FF AA cuentan con profesionales militares de altísimo nivel que permanentemente están realizando la correspondiente apreciación de la situación estratégica para estar prevenido. Y estar prevenido significa contar con reservistas bien instruidas, encargar para la compra –que debe hacerse como mínimo cinco años antes de empezar la movilización de los reservistas- equipos y armamentos con antelación, a fin de armar a las tropas en caso de movilización.
        Considerando que aún entre los especialistas no se tiene un concepto acabado sobre las FF AA de la nación, y ni qué decir de los políticos y ciudadano común, he resuelto publicar a partir de hoy, algunos artículos de mi libro inédito “Las FF AA y el Estado”.
        INTRODUCCIÓN I. Mi trabajo sólo consiste, principalmente, en juntar ideas y opiniones sobre las FF AA, y poner a consideración de los compatriotas el cúmulo de materiales reunidos. La parte científica que me corresponde radica en la intención de poner de relieve la esencia de los elementos y factores que caracterizan a las FF AA, en mostrar de qué modo se vinculan con el Estado y porqué es una institución fundamental de una asociación política.
       Las proposiciones que ofrezco tienen su fundamento en grandes obras del pensamiento, en la reflexión y en el concepto mismo de la guerra. Es decir, no son sino simple resumen del acopio de pensamientos, ideas y opiniones sobre las instituciones armadas.
       Tal vez este trabajo no constituye más que un hatillo de trivialidades y sandeces que pretende ser coherentes. Me he inclinado a presentar, como si de pequeños granos de oro y plata se trataran las ideas, largos años de estudio y de reflexión sobre las FF AA, y la guerra que es sin duda alguna consecuencia de la competencia y la lucha por la vida. Debido a esta lucha todo Estado necesita de FF AA, porque de los muchos Estados que existen actualmente, algunos irán desapareciendo, otras sobrevivirán y tal vez nacerán nuevos Estados, en perfecta consonancia a la teoría de Charles Darwin de “adaptación al medio, selección natural o la supervivencia de los más aptos”.
       Si un país debilita o suprime sus FF AA, y como dice un principio de Física, a la naturaleza le horripila el vacío, por tanto, pronto se llenaría el espacio dejado con asociaciones armadas con fines criminales o crematísticos, o estimularía la creación de grupos rebeldes con propósitos de separatismo. Lo más grave es la situación propicia que se instauraría para que un país sea fraccionado políticamente en pequeños Estados.
       Al gobierno le ha sido dado usar la fuerza para reducir a rebeldes, refractarios y desobedientes para alcanzar los fines del Estado. Por consiguiente, sería una irresponsabilidad de los hombres mejor ilustrados de nuestra nación querer negar la importancia de las FF AA. Debe llamarnos a la reflexión la actual situación de Colombia con dos fuerzas armadas y el hecho ocurrido en Chechenia, una de las 21 repúblicas de la Federación de Rusia, cuando el 1º de septiembre de 2004, un grupo de rebeldes partidarios del separatismo tomaron una escuela con mas de mil personas y las mantuvieron como rehenes hasta que tropas del ejército ruso irrumpieron en la escuela, a sangre y fuego, rescatando a la mayoría de los niños sano y salvo. Estos dos ejemplos confirma lo que Trotski afirmaba: “Todo Estado está fundado en la violencia”, porque todo Estado está sometido a un permanente peligro de fraccionamiento.
       Nicolás Maquiavelo (1469-1527) en su libro “Del arte de la guerra”, escribe: “El mejor de los regímenes, sin protección militar, correría la misma suerte que aguardaría a las estancias de un soberbio y real palacio que, aun resplandeciente de oro y pedrería, carecieran de techo y no tuviera nada que las resguardase de la lluvia”.

        CONTINUARÁ MAÑANA.

sábado, 6 de junio de 2015

LA GLA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA Y OTRAS CONSIDERACIONES QUE AYUDARÁ A COMPRENDERLA MEJOR

 

TÍTULO: "LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA Y OTRAS CONSIDERACIONES QUE AYUDARÁ A COMPRENDER MEJOR".

 A partir de hoy 6 de junio de 2015, retomo contacto con los apreciados amigos paraguayos del mundo entero, así como los ciudadanos de todos los países.
     Los temas a desarrollar, en mi carácter de historiador militar, preferentemente serán sobre el significado de la Historia y sus fines; asimismo la Historia Militar, con predilección de las Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) y del Chaco (1932-1935).
     El fin que me propongo es la de compartir la Historia Militar de Paraguay -muy poco conocido en el mundo- de un modo objetivo y veraz, única forma para extraer de ella sanas enseñanzas y experiencias.

LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA Y OTRAS CONSIDERACIONES QUE AYUDARÁ A COMPRENDERLA MEJOR

PARTE I. INTRODUCCIÓN
     Los comentarios u opiniones que iremos publicando casi en su totalidad fueron extraídas de la obra “LA CONDUCCIÓN DEL EJÉRCITO PARAGUAYO EN LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA” por el coronel (R) Teodoro Ramón Delgado, editada por Intercontinental Editora, Asunción Paraguay, sito en Caballero N° 270.
     Para los interesados:
     Teléfs: 496 991 – 449 738. Fax: (595-21) 448 721.
     Página web: www.libreríaintercontineltal.com.py –
     El Libro consta de 675 páginas, 24 croquis y varias fotografías.. Precio de cada ejemplar: U$ 30 o Gs. 150.000.

     En ningún momento pasó por nuestra cabeza escribir los artículos que irán apareciendo semanalmente, sólo sirva de narcótico para fanáticos y chauvinista, que posiblemente recibirán furiosos y ofendidos nuestras opiniones y comentarios, aunque, si en sus corazones hay lugar para la sinceridad, admitirán que duele porque es verdad. A más de esto, es inútil pretender silenciar la verdad, porque ella tarde o temprano aparece, pero aparece.
     Es necesario contar a nuestro pueblo la verdad sobre la Guerra de la Triple Alianza (GTA), porque tiene derecho a saber la verdad, porque es el pueblo que da sus hijos para la guerra y es el pueblo que sustenta ecónicamente a las fuerzas militares, tanto en la paz como en la guerra. Por lo tanto, es necesario que tenga una opinión sana sobre la Guerra del 70 (GTA) que fue el causativo de la destrucción de 50 años de lento progreso de nuestra nación.
     Me parece que no es inoportuno recordar que las FF AA paraguayas, a lo largo de su historia, han defendido con asombrosa valentía la independencia e integridad territorial de la nación. También deseamos señalar que entre los militares de todos los países del mundo hay un denominador común: pues ellos aman tanto como nosotros su familia, su costumbre, su folclor; no son menos valientes que nosotros; y sirven a sus respectivos países y a sus FF AA igual que nosotros, con gran devoción.
     Por lo señalado arriba, nos pareció correcto escribir sólo para aquellos que piensan y razonan bien, aquellos que no tienen temor a abrir los ojos a la verdad, y como escribiera el famoso filósofo alemán, Frederich Nietszche: “hay gente que no quiere saber la verdad porque no quiere que sus ilusiones sean destruidas”. Y el filósofo norteamericano, Jorge Ruiz de Santayana, ADVIERTE: “La nación que no quiere recordar algún pasado infausto tal como sucedió, tendrá como castigo el ver como se repite”.
     Comprendo que hay compatriotas historiadores –yo no presumo de historiador-, incluso aquellos que se hacen pasar por tales, tienen una pasión tan grande por enaltecer al Paraguay, especialmente ante otros países, sin embargo afirman sin escrúpulos las más vanas invenciones como la de tomar mentiras por verdades, adulaciones por hechos; mitos por historia, y fanatismo por patriotismo. Y en la apología que hacen del Mcal. López introduce muchas ficciones y copiosas hipérboles para realzar más la figura del denominado por decreto del presidente de facto, Cnel. Rafael Franco, por motivo meramente político, “héroe máximo y sin parangón”.
     Recordemos que la historia no es panegírico de la nación, porque ella es madre de las ciencias e imagen de la verdad; por lo tanto, exagerar o disminuir el mérito de un hombre considerado una celebridad no es propio del historiador que tiene la obligación de dejar a cada personaje su tamaño natural.
      En nuestras muchas conversaciones con gente de todos los niveles nos llevó a la siguiente conclusión: que aún hay muchísimos paraguayos que están convencidos como si la guerra que no se puede ganar, lo mismo habría que proseguir para defender el honor de la nación, y sólo terminar, tal como lo hizo el Mcal. López, con la ruina nacional, y por ello muchos paraguayos lo veneran; como si la guerra pudiera autorizar al jefe de Estado o al general en jefe derrotado, en disponer a su antojo de la vida y de los bienes de los ciudadanos; como si la nación paraguaya para tener una existencia digna, de la cual podemos sentirnos orgullosos los paraguayos precisara escribir una epopeya épica de doloroso sacrificio; como si el Paraguay pudiera lograr mejor calidad de vida con la gloria épica que con el trabajo. Todos los ciudadanos tenemos un deber: colocar la paz supremo bien, la justicia y la prosperidad de nuestra nación por encima de todo.
     Al poner fin a este primer artículo, deseamos expresar a los lectores que al terminar con el tema de la GTA nos sentiremos dichosos de no haber malogrado el tiempo de ustedes y del nuestro, si por lo menos llegamos a conseguir que distingan con toda claridad la valentía -que es hija de la prudencia- de la temeridad -que es hija de la insensatez-; el heroísmo, -hijo de la razón-, de la inútil muerte masiva de compatriotas que sólo a los poetas populares sabe a gloria inobjetable de la nación, a pesar del proverbio que dice: “conquistar gloria sin provecho para la patria es vano sacrificio”.
     Próximo artículo: Cuándo un gobierno debe detener la guerra”.


LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA Y OTRAS CONSIDERACIONES QUE AYUDARÁ A COMPRENDERLA MEJOR
(Fuente: “La conducción del ejército paraguayo en la guerra contra la Triple Alianza)

PARTE II. CUÁNDO DETENER LA GUERRA.
                    En ningún momento pasó por mi cabeza escribir este artículo que sólo sirva de narcótico para fanáticos y chauvinista, que posiblemente recibirán furiosos y ofendidos mis comentarios, aunque, si en sus corazones hay lugar para la sinceridad, admitirán que duele porque es verdad. A más de esto, es inútil pretender silenciar la verdad, porque ella tarde o temprano aparece, pero aparece.
     Es necesario contar a nuestro pueblo la verdad sobre la Guerra de la Triple Alianza (GTA), porque tiene derecho a saber y porque es el pueblo que da sus hijos para la guerra y es el pueblo que sustenta económicamente a las fuerzas militares, tanto en la paz como en la guerra. Por lo tanto, hace falta que tenga una opinión sana sobre la GTA que fue el causativo de la destrucción de 50 años de lento progreso de nuestra nación que hasta ahora estamos sufriendo las consecuencias.
          La Batalla es decisiva cuando el ejército derrotado ya no tiene posibilidad de ganar la guerra y continuar sólo significaría más derrotas. No obstante, aún es suficientemente fuerte como para negociar una paz de conveniencia mutua. Pero, si un gobierno derrotado no acepta las condiciones del vencedor, la guerra proseguirá hasta que el país sea arrasado y el jefe de Estado derrotado, perseguido hasta ser capturado o muerto, de modo que la paz pueda  ser negociada con un nuevo gobierno. Lo más conveniente para la nación es acordar la paz al  perder la batalla decisiva. El ejército de Solano López perdió la batalla decisiva con el fracaso de sus campañas ofensivas de Uruguayana y Corrientes. Ordenó la retirada del resto de los 30.000 hombres que había invadido la provincia argentina de Corrientes y vino a construir una formidable fortificación en la orilla norte del río Paraná con una fuerza aún respetable. Era el momento de negociar la paz con los aliados aunque le cueste la cabeza al Mcal. F. Solano López. Un presidente de la República patriota de verdad y con visión de futuro debe detener la guerra que ya está perdida, porque siempre será preferible que muera uno antes que morir todo. O sea, si es necesario para recuperar la paz para el pueblo, el jefe de Estado o el general en jefe derrotado debe, dignamente, ofrecer su cabeza al enemigo para salvar lo que aún pudiera ser salvado de la nación.
          En la entrevista de Jataity Kora, Mitre le expuso las condiciones que los aliados exigían para poner fin a la guerra: que el Mcal. López renuncie a la presidencia de la República. López responde que jamás va a dejar su cargo. La guerra prosiguió. El resto del primer ejército paraguayo, valiente en grado sumo, fue aniquilado en Tijutî; después vinieron los desastres en el T. O de Villeta donde nuestro improvisado segundo ejército fue destruido sucesivamente en las batallas de Ytororõ, Avay, Pikysyry y Lomas Valentinas, más la rendición de Angostura. Continuar la lucha ante la dramática situación del Paraguay es hacer lo que justamente hizo el Mcal. López y por ello muchos paraguayos –más por ignorancia que por patriotismo- lo veneran: exponer al pueblo a la humillación, permitir la ruina de la nación, y como corolario, los pocos sobrevivientes terminen deambulando por un territorio devastado, sin hogar y sin familia.
          Los hombres van a la guerra para defender la nación, vale decir, defender los bienes del país y de la familia, proteger a los niños y no mandarlos matar como en las batallas de Avay,Pirivevúi y Acosta Ñu, resguardar a las mujeres y no ponerlas en el camino de la soldadesca enemiga como en Avay y Pirivevúi. Si las fuerzas militares se encuentran imposibilitadas para defender la nación porque el enemigo es muy poderoso, el gobierno cuenta con la alternativa de negociar la paz con el vencedor, pues, sólo los lunáticos se disponen deliberadamente a la autodestrucción. Conseguir un armisticio para negociar siempre será más conveniente para todos los gobiernos porque todos ellos tienen la obligación de mirar la posguerra, amén de recuperar la paz para su pueblo y no permitir que el país alcance el punto de su bancarrota.
     Hay algunos factores que impulsan a los gobiernos a buscar la paz:
1)    La imposibilidad de seguir oponiendo resistencia seria, el caso de Paraguay;
2)    El enorme gasto ya hecho y del que todavía se requiere (EE UU en Viet Nam);
3)    El precio excesivo que hay que pagar por la victoria (EE UU en Vietnam);
4)    Cuando ambos ejércitos están equilibrados, y no hay manera de que uno de ellos se imponga al otro. Por lo tanto, proseguir la guerra ante esta situación sólo debilitarían a ambos;
5)    Impedir que el país alcance el punto de su bancarrota.
         Señalemos dos puntos: 1) que la guerra no es una pasión ciega, sino que está dominada por el objetivo político. Por ejemplo: en la guerra del Chaco (Paraguay-Bolivia), el objetivo político era expulsar a los bolivianos del Chaco paraguayo; en la 2ª Guerra Mundial, el objetivo político, o sea, la misión que recibió el Gral. Dwight Eisenhower, comandante de las fuerzas aliadas fue, “penetrar en el corazón de Europa y destruir las fuerzas armadas de Alemania”; el del Mcal. López, invadir territorio brasilero, penetrar en el Uruguay, expulsar a las tropas brasileras de allí y reponer al Partido Blanco uruguayo en el gobierno. El valor y la importancia del objetivo político determinan las medidas de los sacrificios en cuanto a recursos humanos y bienes materiales que el gobierno está dispuesto a realizar para obtener el objetivo político. Sin embargo, tan pronto  como los gastos para mantener las fuerzas militares sean tan grande (Solano López apostó la nación entera) que la conquista del objetivo político no podrá compensar o ya no justifica el sacrificio de la nación, el objetivo debe ser cambiado y el resultado lógico será negociar la paz. 2) Que la guerra es algo así como un árbitro o un juez supremo al que se apela luego de agotar los medios pacíficos, para determinar quién tiene razón o el derecho; dilucidada la cuestión por las armas y hay un vencedor y un vencido, proseguir la guerra sin posibilidad de ganarla es un inútil sacrificio de la vida de los ciudadanos y un despilfarro de los bienes de la nación. Hay un proverbio que dice: “conquistar gloria sin provecho para la patria es vano sacrificio”.
PRÓXIMOS ARTÍCULOS: LEGÍTIMA DEFENSA, REPRESALIA Y LA GTA.







viernes, 25 de abril de 2014

LA FT Y EL EPP

Antes que nada, lamento profundamente la muerte del VSgto. 1° de Material Bélico Monges, en combate contra los indeseables, a pesar de que en toda lucha bélica siempre hubo, hay y habrá bajas.

A mi parecer la FT está cumpliendo con asombrosa valentía la misión recibida, pues, en esta clase de lucha el que actúa con impaciencia pierde. Según escuché por radio, alguien ordenaba al soldado o al sargento "¡ejapi!, ¡ejapi¡"; debo deducir de que era un oficial.

Si es así, este no lo hizo porque no llevaba fusil. ¿Por qué? En una lucha de este tipo, el soldado, suboficial, oficiales subalternos y superiores deberán llevar indefectiblemente 3 a 4 armas:

1) cuchillo,
2) pistola o revólver,
3) fusil y
4) granadas de mano ofensiva.

El combatiente que espera orden para actuar está perdido, pues este tipo de lucha exige reacción rápida e iniciativa en alto grado.

El ambiente donde está actuando las tropas del Estado Paraguayo con admirable estoicismo, se caracteriza por peligro constante, objetivo a conquistar incierto, cansancio físico y gran derroche de valentía, LOOR A LOS INTEGRANTES DE LA F.T/EJÉRCITO POR LA ABNEGACIÓN Y ESMERO QUE PONEN PARA RECUPERAR LA PAZ Y TRANQUILIDAD PARA LOS COMPATRIOTAS QUE VIVEN EN LA ZONA DE TUAKUATI.

Imagen extraída de Google Image

LAS HUELGAS Y LAS VIOLENCIAS: UNA OPINIÓN

1) Está demostrado que existe una relación entre la estructura demográfica y la agresividad. En el Paraguay hay un gran excedente de varones jóvenes disponibles ante la inexistencia en el país de un mercado de trabajo que sea capaz de absorber la mano de obras, esto provoca en los jóvenes una predisposición incitativa a la agresividad. 

Se ha comprobado desde hace mucho tiempo que hay conciencia formada de la tendencia muy belicosa que resulta de la superabundancia de varones jóvenes. Cuando en un determinado país existe lo que el sociólogo francés Gaston Beathoul denomina “inflación demográfica”, es porque los gobiernos no disponen de un plan para adecuar las cifras de natalidad a la de mortalidad, entonces aparece y se cumple el proverbio: “a la natalidad obligada, mortalidad provocada”. 

Imagen extraída de Google Image.

O sea, si no se restringen voluntariamente, será forzada a cortar o detener el crecimiento excesivo de la población, Uruguay y China son ejemplos. La inflación demográfica tiene por corolario la emigración masiva de jóvenes, la proliferación de las delincuencias juveniles o la guerra interna o externa. Porque de alguna manera hay que adecuar el número de habitantes a la capacidad del país para ofrecer ocupación o empleo, y una calidad de vida aceptable a los habitantes. 

Cuando un país aumenta en exceso sus varones jóvenes, llega un momento en que debe ubicar de una manera u otra a esos jóvenes transformados por fuerza de las circunstancias en desocupados. Consecuentemente, tarde o temprano se está obligado a elegir entre estimular la emigración masiva o la guerra. Mucho coopera en acomodar la natalidad con la mortandad: la epidemia, el sida, los accidentes de vehículos terrestre y aéreo, delincuencias, pobreza extrema, los atentados terroristas como Al Qaeda, la carencia de médicos y medicamentos en los hospitales públicos, etc. 

2) Erich Fromm, en su obra “El amor a la vida”, dice: “dentro de cada sociedad hay siempre un porcentaje de personas que son necrófilas, vale decir, sufren de necrofilia, y por eso tienen amor por la muerte y por la destrucción. Hay hombres que aman la vida, y otros que la odian. Los hombres que aman la vida son fáciles de reconocer. Aunque no se crea, la necrofilia predomina –al menos en estado latente- en vastos sectores de la sociedad”. Vale decir, que este tipo de individuo existe en los partidos políticos, SÍNDICATOS, empresas, cuarteles de las fuerzas públicas, etc. 

O sea, están por todas partes: en las canchas de fútbol, en los locales bailables nocturnos, en las playas, en las rutas, por los barrios, etc., en constante acecho. Un asaltante que mata para robar un teléfono, no sólo busca ganancia, sino con el asesinato satisface su necesidad compulsiva de hacer sufrir, dañar, destruir. Aunque se arrepiente después de su acto salvaje, pero siempre le llega el momento irrefrenable de volver a repetir la misma acción; entonces sale y busca una víctima propiciatoria. 

Lo que estamos queriendo indicar es lo siguiente: que en casi todas las manifestaciones públicas, las personas descriptas aprovechan y se infiltran entre los manifestantes de sanos propósitos, y llegado el momento libera al monstruo que con irrefrenable ansia empieza a volcar su necesidad paroxística de destrucción sobre su semejante; provoca a la policía para que lo azoten porque sienten placer en recibir, pues, generalmente son sadomasoquistas. Por consiguiente, la Policía está obligada a cumplir con su obligación con rapidez y firmeza.

Finalmente, según mi parecer, casi todas las reivindicaciones de los organizadores de la huelga son justas; sin embargo, exigir la derogación de la Ley de APP con argumento bastante magra como que “serán vendidas el patrimonio nacional a terceros”, es como pretender seguir andando en carretas, mientras los otros países andan en aviones. 

Un ejemplo grotesco extraído de FACEBOOK: cuando un niño ve a un adulto escribir en máquina de escribir, asombrado exclama, “¡bárbaro, imprime cuando se escribe!”

sábado, 16 de febrero de 2013

LA DEFENSA NACIONAL CAPÍTULO III OBJETIVOS NACIONALES Y VULNERABILIDADES


 Los objetivos nacionales son los que figuran en el plan del Gobierno Nacional. Para facilitar sus logros serán precisos que se tome una apropiada medida de Defensa Nacional en todos los campos con el propósito de neutralizar las dificultades que podrían aparecer. Algunos objetivos podrían ser los relacionados con los siguientes:
  1. Eliminar los secuestros de persona.
  2. Construir la hidroeléctrica de Corpus que puede cambiar y acelerar el desarrollo nacional.
  3. La necesidad de contar con suficientes científicos para la transformación industrial de nuestra abundante materia prima malbaratada. ¿Cómo conseguir científicos para que sean útiles a la nación? El Paraguay cuenta, por suerte, con muchos jóvenes que son verdaderos genios, pero se los desperdicia o se los ignora. El Estado debe encargarse de ellos, aunque el pueblo es pobre el Estado no lo es, más aún si observamos cómo se gasta el dinero del Tesoro Nacional.
  4. Mantener el constante crecimiento de la producción agropecuaria, en cantidad y calidad.
  5. Reducir la corrupción.
  6. Considerar el contrabando como traición a la patria.
  7. Contar con una diplomacia eficiente, o sea, diplomáticos de carrera de alto nivel.
  8. Mejorar notablemente la justicia. Que ninguna ley impida a un juez hacer justicia, a veces un juez necesita ignorar un artículo de la ley que favorece al delincuente, pero perjudica al ciudadano decente o permite que un abogado le haga decir a la ley lo que la ley no dice.
  9. Proveer de agua potable a todos los habitantes del país.
  10. Etcétera.
Pasamos ahora a considerar algunas vulnerabilidades de la nación. Estas se refieren que el país tiene algunas debilidades que pueden retardar o hacerlo muy lento su desarrollo. Por lo tanto, para resolver la cuestión será necesario adoptar eficientes medidas de Defensa Nacional:
  1. La escasa población nacional, especialmente en el Chaco.
  2. Necesidad de acrecentar considerablemente la capacidad de consumo del pueblo.
  3. Elevada tasa de mortalidad materno infantil.
  4. La falta de planificación en todos los niveles y su deficiente ejecución.
  5. La necesidad de acelerar el desarrollo de los departamentos de Concepción, San Pedro y el Chaco (con esto se neutralizaría las actividades del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).
  6. Las deficiencias de la administración pública.
  7. La corrupción, contrabando y falsificación de marcas.
  8. Las enfermedades endémicas.
  9. Alto porcentaje de ciudadanos sin agua potable.
  10. Bajísima calidad de la educación pública.
  11. Despilfarro del dinero público.
  12. El pago de los impuestos que recae sin misericordia sobre la empobrecida clase media.
  13. El precio excesivo que hay que pagar por el consumo de electricidad.
  14. La generalizada desconfianza en la justicia.
  15. Etcétera.
 
Luque, 15 de febrero de 2013
 Cnel. (R) Teodoro R. Delgado

jueves, 7 de febrero de 2013

La Seguridad Nacional. CAPÍTULO II


…¿Cuál es el significado de Seguridad Nacional? Como cada país es diferente en cuanto a su situación y área geográfica, calidad y cantidad de la población, ciencias, tecnologías, industrias, capacidad de consumo, poderes económico y militar, etc. Consecuentemente tiene también objetivos diferentes. Por ejemplos: para la R. F. de Brasil podría ser el conservar el liderazgo en América del Sur e integrar como miembro permanente el Consejo de Seguridad de la ONU; para la Argentina, recuperar Las Malvinas; para Bolivia, recuperar su salida al mar; y para el Paraguay sería fortalecer su soberanía, absorber a las minorías extranjeras que habitan el Alto Paraná, disponer de sus recursos naturales, materias primas y conseguir tecnologías para facilitar el desarrollo nacional.

   La existencia de una voluntad contraria a los objetivos nacionales o una amenaza a algunos de los intereses vitales de la nación pueden existir en los campos político, económico, social, diplomático y militar. Entonces, podemos definir la Seguridad Nacional como la de proteger adecuadamente la independencia nacional, la integridad territorial de la nación, la soberanía, los recursos humanos y naturales, la vigencia plena de la Constitución Nacional, y que el logro de los objetivos fijados por el gobierno nacional se encuentren amparados de todos aquellos que intentan producir interferencias, sea cual fuere el motivo que se invocan. Por consiguiente, una aceptable situación de Seguridad Nacional se consigue con adecuadas medidas de DEFENSA NACIONAL.

   Pasamos a analizar someramente cada uno de los intereses vitales de la nación mencionados en el capítulo I:
  1. El territorio. Ejercer un eficiente control en el espacio nacional que por derecho corresponde al Paraguay, vale decir, en tierra, en el aire y los ríos.
  2. Los recursos humanos y naturales. Considerar cantidad y calidad de la población para proveer profesionales idóneos que puedan satisfacer las demandas de las empresas radicadas en el país. Mejorar notablemente la calidad de la educación o instrucción en los niveles primario y secundario. Multiplicar los científicos existentes para aprovechar las abundantes materias primas que se disponen.
  3. La Constitución Nacional. Su estricto cumplimiento debe ser un imperativo categórico para todos los habitantes del país, por razón de que ella no es un conjunto de mera buena intención. Cualquier intento de interpretación maliciosa, La Corte Suprema de Justicia debe caerle encima del bribón con rigor ejemplar.
  4. La soberanía nacional. La capacidad de decidir y hacer dentro del territorio nacional todas las actividades en forma autónoma. El Gobierno del Estado deberá escoger la línea de acción que más le conviene a la nación, sin necesidad de pedir autorización de nadie.
  5. La diplomacia. Contar una diplomacia de alta calidad para mantener buenas relaciones con todos los países, especialmente con los de la región, que sea capaz de prevenir los conflictos internacionales y tomar las medidas más convenientes para evitar exponer la nación a la humillación o convertir en ludibrio la bandera nacional. El mundo actual nos muestra a los países agrupados y comprometidos por pactos y tratados que ejercen una acción limitativa a la decisión soberana del gobierno de un Estado. Vale decir, al integrarse en una asociación de países con objetivos comunes, necesariamente uno está obligado a ceder voluntariamente una partícula de su soberanía a favor del grupo. O sea que, los gobiernos ya no pueden hacer lo que se le antoja en su propio país sin calcular el efecto sobre los otros países y sin medir las consecuencias de sus actos. Consecuentemente, cada país debe procurar acomodarse a los demás y ajustarse a los pactos y Tratados.
   La capacidad que tienen los Estados para convivir en la región o en el continente es diversa. Existe país al que se puede comparar con piedras para construir un edificio. Cuando una piedra que por su aspereza e irregularidad de forma quita a las otras más sitios de la que ella ocupa, y, debido a su dureza no se deja pulir, obstaculizando de este modo la construcción, es rechazado por el arquitecto o el constructor como algo que no puede aprovecharse y que causa dificultades. De igual manera, cuando un Estado, por falso orgullo o por intereses sectoriales o ideológicos,  y debido a la terquedad de sus autoridades constituyen una dificultad para lograr el objetivo propuesto, tiene que ser necesariamente separado del grupo. Y lo más importante es, que el gobierno nacional sepa que su primer deber  es con la nación, por lo tanto, no puede derramar sangre paraguaya por una causa ajena a los intereses de la nación paraguaya y movilizar las FFAA para ir a socorrer a otro, o ir a meterse como un mequetrefe en los asuntos internos de otro país, poniendo en riesgo la paz y el progreso nacional.


Luque, 30 de enero de 2013
Coronel (SR) Teodoro R. Delgado